La rabia: Un sentimiento incómodo, pero necesario

octubre 9, 2020
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La rabia es una de las emociones más potentes, y por lo mismo, de las más difíciles de manejar. Y en nuestra experiencia como Divorcio Sano, sabemos que los procesos de separación o en la relación como papás separados esta suele ser una experiencia frecuente.  Por esto es que quisimos escribir este blog, con algunas de nuestras reflexiones sobre este tema tan controversial.
Desde pequeños nos enseñan que la rabia es “mala”, que está “mal” estar enojados. Por el miedo a que ésta se descontrole, tanto como sociedad como individuos intentamos esconderla o reprimirla. Pero, por muchas razones la rabia es una emoción valiosa. He aquí algunas:
1. Supervivencia:
La rabia es una emoción que se activa automáticamente cuando nos sentimos en peligro, y que nos permite reaccionar frente a las crisis tratando de “salir vivos”.
Nuestras hormonas del estrés nos energizan y activan para estar hiper-alerta frente a los peligros y enemigos que nos rodean. Y, desde esta percepción del entorno, defendernos o arrancar para escapar de una situación de vida o muerte con éxito.
2. Nos energiza e impulsa a hacer cambios:
En diferentes grados, el continuo de molestia-rabia nos ayuda a tomar conciencia de que se ha traspasado un límite importante para nosotros. Esto puede ir desde una opinión, un tema valórico, nuestra sensación de ser respetados, hasta extremos más importantes como ser directamente atacado por otros o que a otros importantes para nosotros se les haga daño.
Por lo tanto, ser capaz de reconocer y aceptar esta realidad emocional, capacidad de negociar y cooperar con otros, poner límites, hacer cambios de vida y sociales, etc.
3. Base de nuestro poder personal y autoestima:
Desde la rabia nos empoderamos y dejamos de sentirnos tristes y desesperanzados (aunque sea por un momento). Nos desafía a superar obstáculos y buscar alternativas para estar mejor, aunque se vea difícil, desde el sentirse más bien poderoso y optimista.
La rabia nos incita a posicionarnos y comunicar un “yo no merezco ser tratado de esta manera” o “esta persona que yo quiero no merece ser tratado de esta manera” y nos ayuda a luchar por nuestro propio bienestar y el de otros.
Es verdad que la rabia impulsiva puede resultar destructiva, desde un extremo egocéntrico y ciego a los matices que pueden existir. Que la violencia o el maltrato no pueden ser justificados de ninguna manera… y que si en un contexto de separación nos dejamos llevar por la rabia y entramos en una lógica de “guerra”, sólo puede haber muertos y heridos (incluidos los hij@s). Pero en el otro extremo está la posición que etiqueta la rabia como “indeseable” y que nos promueve a la represión extrema.
Sentir rabia no es en si mismo negativo, sino que es lo que hacemos con ella. La clave está entonces en integrarla de manera asertiva en nuestra vida y, en este caso, a la relación con mi ex.
Y ¿cómo hago esto entonces?
1. Cuando estés enojado con tu ex, busca un espacio para primero calmarte y reflexionar.
Por las razones anteriormente expuestas, es muy importante que cuando te des cuenta que estás enojad@, en vez de seguir conversando te tomes un espacio para poder regresar a la calma y luego entender lo que estás sintiendo. En concreto, si sientes que vas a perder el control, deja la conversación hasta ahí, para retomarla cuando estés más clar@ y centrad@.
Una vez pasada la furia del momento, trata de preguntarte a ti mismo por lo que gatilló tu molestia:
¿Qué razón válida tuve para sentirme “atacado”/”pasado a llevar”? (esto es importante, pues a veces desde la calma podemos descubrir por ejemplo que la molestia puede venir aún de los “errores” o “faltas” de la historia como pareja) y desde ahí, “¿qué es lo que no quiero que se repita o vuelva a ocurrir?”.
Una técnica muy sencilla y útil para poder hacer estas reflexiones es escribir lo que nos ocurre. Es lo que tradicionalmente se conoce como “diario de vida” o “libros de vida”. Pues esta es en sí mismo, un ejercicio para poder al mismo tiempo expresar lo que sentimos (que nos calma) e integrar lo reflexivo (pues al narrarlo necesitamos, pensar y planificar el escrito).
2. Descubrir la razón por la que realmente estás enojado y evaluar la importancia de comunicarlo al otro o de tomar acciones.
Una vez que desde este espacio de calma y reflexión hayas descubierto la razón de tu enojo, puedes reflexionar sobre la importancia de compartirlo o no con tu ex.
Debido a que el vínculo más cariñoso, se encuentra probablemente dañado por la separación (si es que no completamente roto), es muy probable que por más “correctos” que seamos a la hora de expresarnos el otro no sea capaz de escuchar lo que realmente queremos decir. Y que, nuestros mensajes entonces puedan encender una nueva pelea.Por lo mismo, debemos evaluar la importancia de comunicar lo que queremos decir o más bien la necesidad de tomar otras acciones para poder protegerte o poner límites a lo que sea que, válidamente, sientas como un traspaso de límites.
3. Poner en la balanza la separación y a los hijos.
Uno de los fenómenos comunes en los procesos de separación conflictivos es mantenerse vinculados a través de la rabia y los conflictos. Por lo mismo, en la reflexión se debe poner en la balanza cuánto “seguir en esto” contribuye o no en mi proceso de sanación personal o en un construir constructivo de nuestra maternidad/paternidad.
Difícil, pero necesaria misión para nuestra inteligencia emocional
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